"El deber de la filosofía consiste en eliminar la ilusión producida por un malentendido, aunque ello supusiera la pérdida de preciados y queridos errores, sean cuantos sean" Immanuel Kant.
viernes, 6 de marzo de 2020
Extracto "Historia de Calahorra y sus Glorias"
sábado, 25 de enero de 2020
Revista Reserva: Más de cuatro siglos
La noticia publicada por esta revista de que el Carmen podría echar el cerrojo este año ha generado una reacción de asombro y pesadumbre en gran parte de los calagurritanos debido al vínculo emocional-espiritual e histórico que une el santuario con su ciudad, un vínculo de más de cuatro siglos.
Fue una mujer, Cecilia del Nacimiento, maestra de novicias y, posteriormente, priora, quien a base de influencia, contactos y tesón logró la fundación del convento de la Orden de los PP. Carmelitas Descalzos en Calahorra (la primera de la Rioja). Convenció al Cabildo, al Consistorio y al General de la Orden, de quien se obtuvo la autorización necesaria. En 1602, el obispo Pedro Manso de Zúñiga y el Rey otorgaron sus respectivas licencias. Ese año se iniciaron las obras y vinieron los dos primeros carmelitas para inspeccionar los terrenos y la construcción, pero no fue hasta 1604 cuando los frailes pudieron trasladarse al Carmen. Hasta entonces, estuvieron alojados en casa del regidor y después en una alquilada por la Orden, reconvertida en un pequeño convento inaugurado el 13 de junio de 1603. Ese día, como escribe J. M. Maquirriain en el “Largo día de los Carmelitas Descalzos en Calahorra: 1603-2003”, entraban “oficialmente los carmelitas a ser convecinos y a compartir y conformar parte de la historia de Calahorra”. Una historia común de más de cuatrocientos años en la que la influencia es mutua: el espíritu carmelitano invade a numerosos calagurritanos que sienten la llamada del Carmelo, se forma la Cofradía de Nuestra Señora del Carmen en 1603 (a la que sucederían otras asociaciones), se celebran fiestas, se ofrece instrucción, conferencias, cursos…, además de los servicios religiosos. Una historia común con dos interrupciones por la supresión de las órdenes religiosas. La primera desde 1809 a 1813 con la invasión francesa, aunque los carmelitas pudieron permanecer unidos en Calahorra con el apoyo de sus vecinos. La segunda desde 1836 a 1883 conllevó la venta del convento y produjo una disgregación, pese a ello la iglesia “siempre estuvo abierta y aseada […]. Siempre estuvo un ermitaño a su cuidado”, como señala en “Historia de Calahorra y sus Glorias” el Padre Lucas, carmelita descalzo enterrado precisamente en el claustro del Carmen. Desde 1883 hasta hoy el santuario ha permanecido vivo.
Con todo, el cierre del Carmen no depende exclusivamente de la Orden de los PP. Carmelitas Descalzos sino también del obispado de Calahorra. Y es que tras la segunda exclaustración hubo un cambio en la propiedad del convento (entre otros acontecimientos dignos de recuerdo pero que desbordarían este artículo) y ésta acabó recayendo en el obispo en 1879. Éste lo cedió a la Orden en 1999, estableciéndose que en el caso de que ninguna congregación se hiciera cargo del culto la propiedad volvería a ser del obispo, para así garantizar que siguiese siempre abierto. En cualquier caso, ni la Orden ni el obispado deberían permitirse deshabitar el santuario. Cuatrocientos años de historia y todos los carmelitas que en él vivieron los observan.
martes, 26 de noviembre de 2019
Revista Reserva: Torres
Las polémicas, ya sean sobre manifestaciones legales o contramanifestaciones anónimas o sobre otros tantos motivos, no envuelven las publicaciones en la página de Facebook de Javier Garrido Romanos, lo hacen su trabajo y su pensamiento. En ellas incluye siempre imágenes de sus pinturas y dibujos acompañadas por un texto, siendo lo escrito, en la mayoría de los casos, una pura continuación del lenguaje pictórico. Y es que sus palabras, líneas y manchas son consecuencia de su propia forma de pensar el mundo desde una creación artística que busca captar lo oculto y lo eterno, lo misterioso y lo inaprensible y, en última instancia, el aura, en el sentido de Walter Benjamin, la autenticidad de las realidades en su relación con el espacio y el tiempo, es decir, en su ligazón con la historia y en su inscripción en la estructura de la tradición, todo ello desde la experiencia del instante. Teniendo esa perspectiva vital, no es extraño que desde hace tiempo dedique sus publicaciones a reivindicar la imagen de una Calahorra que desaparece, que ya ha desaparecido o que ha sido transformada. Así, Garrido ha ido realizando una radiografía de esa Calahorra que ya no es, mostrando a través de su obra los espacios que han sido ocupados, los paisajes que han sido alterados y las construcciones que han sido deconstruidas.
Este mes las fábricas y sus chimeneas, la de Francisco Moreno (aún en pie) y la hexagonal (de las pocas, si no la única, que existía en La Rioja) de Barriobero (derribada), eran las protagonistas de dos de los cuadros compartidos por Garrido. La “torre” de la fábrica de conservas Barriobero fue derribada (previa retirada de un nido de una pareja de cigüeñas que llevaba más de una década asentada allí) junto con la chimenea de la Cerámica La Estaca en febrero del año 2000, la primera debido a la construcción del ARCCA y la segunda por un requerimiento de Demarcación de Carreteras y su mal estado de conservación por la caída de un rayo. “Vivimos en una era en la cual la antigua obra civil no importa un ‘carajo’, lo mismo se derriban históricas fábricas (Alcoholera de Haro), que chimeneas, que puentes, que edificios con raigambre (Comandancia de Logroño)”, se lamentaba en el Eco Jesús María García en un artículo titulado “Calahorra, antigua ciudad a la escombrera”. “Tenemos un Ayuntamiento, más preocupado en dar una imagen de dinamismo y renovación que en conservar nuestras señas de identidad como pueblo, nuestra cultura y nuestro patrimonio, más o menos estético, pero al fin y al cabo, ¡Nuestro!”, reprochaba García al gobierno de Pagola.
Pues bien, en noviembre del año pasado, otra insigne torre calagurritana poblada por cigüeñas era asediada por la polémica. El Cuartel de la Guardia Civil era el centro de la opinión pública debido al proyecto del Ayuntamiento de derribarlo para construir, en principio, un parquin. Hoy en día, el plan parece, afortunadamente, paralizado y un nuevo gobierno tiene la oportunidad, de demostrar interés por la antigua obra civil y por conservar y repensar el cuartel, pudiendo idear una solución creativa, eficiente y alternativa a su demolición.